sábado, 17 de agosto de 2013

Gervasio Puerta, el hombre que todos los días luchó





 
 
“La derrota nunca hizo mella en mis ganas de luchar”

Hay personas que para entenderlas, basta con tenerlas sentadas enfrente. Son miradas que con su serenidad explican sin palabras toda una filosofía de vida y la forma en la que su trayectoria se convirtió en una pieza clave para cambiar el rumbo de nuestra historia. Gervasio Puerta era así… pura historia, y pura humanidad. La imagen de la libertad y la vista alzada al frente. Una de las personas más auténticas con las que he compartido café.
Cuenta que a lo largo de su vida mintió alguna vez; la primera con 15 años , cuando se alistó en el bando republicano para pelear contra el ejército de Franco . Dos años después era huérfano de guerra, y teniente. Su lucha duró hasta hace dos días, cuando un cáncer puso el punto final a una vida llena de batallas.
Hoy me ha sorprendido la noticia en una esquina de un periódico digital, y recordé las palabras que me dijo la última vez que nos vimos "somos olvidados de vida y de muerte, somos aquellos que nunca tuvimos la ocasión de explicar cómo vivimos nuestra propia historia". Y saber que en cierto modo tenía razón,  me puso triste.
 
Gervasio era un animal de libertad más allá de las fronteras. Recluido en los campos de concentración de españoles en Francia tras la derrota de la Guerra Civil, se unió al ejército francés para luchar contra Hitler durante la II Guerra Mundial. Nunca se declaró vencido frente a la Dictadura, y en el exilio organizó grupos de españoles para una rebelión internacional contra Franco. Puerta, como Carrillo, regresó con ganas a la clandestinidad española para reorganizar la resistencia desde dentro y comenzó así una de las batallas más fuertes de su vida, la penitenciaria, donde escribió algunos de los pasajes más importantes del antifranquismo en hojas de papel de fumar. Para él fue la época más dura de su vida, aunque dicen quienes lo compartieron, que su espíritu fuerte no se vino un solo día abajo. “La cárcel es lo más duro que yo he vivido, hombres perdiendo la razón en una celda sabiendo que la vida se te escapa sin que puedas hacer nada, sin ninguna alternativa. La guerra es terrible pero te permite actuar, avanzar, confiar, creer…la cárcel es la mayor tortura a la que se puede someter el hombre, la falta de libertad, la perdida de uno mismo como persona”.
 
Cuando le conocí, Marcos Ana le miraba desde el asiento de al lado con la admiración y el compromiso de quien presencia un retrato vivo de la historia. Gervasio presidió durante más de veinte años la Asociación de Ex Presos y Represaliados Políticos Antifranquistas. También colaboró con la Asociación de Brigadas Internacionales de 1990 y con la AABI. Organizaciones que ahora despiden a uno de sus mejores tenientes.
Toda su vida ha sido una oda a la verdad y a la entrega. Fiel a sus ideas sobre que el ser humano es aquel que vive para entregarse a los demás, su cuerpo no será despedido con honores, sino que ayer mismo fue entregado a la Complutense de Madrid para que la ciencia investigue con él. Su último regalo a la humanidad para que incluso después de morir siga viva su valentía después de su última batalla.
 
¡Hasta siempre, camarada Rubio! 


 

sábado, 27 de julio de 2013

Historia de una abertzale: "El día que no fui de ETA"


 



 
Hay entrevistas que se guardan en la recámara y que nunca se olvidan, porque incluso sin tener muy claros los motivos, descubres que han supuesto un antes y un después en la historia de tu aprendizaje. Hoy, sin buscarla, me encontré con el borrador de una de ellas. A lo largo de mi vida, por múltiples razones, he tenido ocasión de hablar con muchas personas vinculadas al conflicto vasco e incluso en más de una ocasión he mantenido encuentros con ex miembros de la banda terrorista ETA. No es extraño, pasé más de cuatro años de mi vida frecuentando las cárceles de España. Y sin embargo, al pensar en el País Vasco la recuerdo siempre a ella...que me explicó tantas cosas y me dejó una herencia inconfesable que ni con todas las palabras del mundo se podría  transcribir aquí....


Tiene 45 años. Nació en el País Vasco y ha pasado la mayor parte de su vida en Madrid. Su vida transcurre en una familia normal… Madre y esposa, hija y hermana, vecina y compañera… nunca habla a los suyos de su pasado, de sus ideas, de su futuro. Simplemente, porque considera que la política es algo íntimo, y que por rebeldía ya no quiere defenderse más. Qué cada uno piense lo que le interese. Ella es sociable, divertida, curiosa… lleva una vida casi rutinaria y es abertzale aunque no comulga con las estrategias de ETA. El resto, lo resume en pocas palabras pero lo deja bien claro.

Llevo toda la vida explicando que no soy etarra, que no creo en la muerte como opción política, que no defiendo la violencia… Pero también llevo toda la vida silenciada, teniendo que ocultar mis ideas, pasando miedo cuando voy por la calle, atemorizada por la extrema derecha sólo porque nací en el País Vasco… pero también por gente que se supone más moderada que la extrema derecha”.

Su historia comienza hace varias décadas, cuando el primer Ministro del Interior de Felipe González ofrece a quienes den el nombre de un etarra un millón de pesetas por delatarles. Ella y su familia vivía en Madrid por aquel entonces, pero unos vecinos vieron la ocasión perfecta de mejorar su calidad de vida, y apostaron su cabeza. “Creo que mi familia y yo eran los únicos vascos que conocían… y la cantidad de dinero era muy tentadora”. Desde entonces, arrancó su infierno personal, que duró más de dos décadas.

“Hasta entonces nunca me había interesado la política… me interesaba la literatura, el cine, las historias humanas… pero la política siempre me había parecido algo lejano al pueblo, algo frío… y todavía me lo parece. Yo no tengo una ideología política, ni siquiera ahora, tengo una ideología del corazón y eso es lo que defiendo, mis sentimientos. Creo que el pueblo vasco ha sido torturado, atemorizado, condenado, criticado, masacrado por ser vascos… porque convivían cerca de ETA, porque a costa de usar el nombre de una banda terrorista muchos violentos sin ideología ni identidad se subieron al carro… muchos ni siquiera eran vascos… pero querían destacarse por algo, y se sumaron a la banda como podían haberse unido a los ultrasur, los boixos nois, los antifascistas, las bandas radicales en cualquier sentido… es gente sin cultura, sin intereses, sin expectativas… que buscan un lugar para destacar y sentirse especiales…
 
-          ¿Qué la convierte en Abertzale?

Mis raíces, mi herencia, mi cultura, mi idioma, mi literatura… pero sobre todo, una inmensa e injusta represión. Una tortura silenciada durante décadas.
-          ¿Ha sentido miedo?

Mucho, muchísimo, cada día. Miedo a las personas que me pinchaban el teléfono, a las que me seguían por la calle, a las que me habían denunciado injustamente a cambio de dinero, miedo al qué dirán… y un miedo atroz a que cambian las tornas… a qué mañana llegue al poder la extrema derecha y mis hijas estén registradas en la memoria del estado como niñas vascas. Tengo un íntimo amigo de derechas que me ha jurado que si las cosas se tuercen… sacará a mis hijos de España. Siento impotencia. Siento miedo. Siento rabia. Y siento silencio… que es uno de los vacíos más inmensos que pueden torturarte.
 -          ¿Por qué el fin de ETA ahora?

Puede haber mucho de cosas pequeñas, de detalles, pero mi opinión es que no es una gestión del Gobierno, ni una falta de financiación,  ni un cambio de opinión, ni un desgaste… mi opinión es que el pueblo vasco va venciendo barreras y ha rechazado a la banda, y eso ellos lo notan. Ya se ha dicho no al impuesto revolucionario, a las manifestaciones en la calle, al apoyo público… ETA sabe que los vascos no queremos más violencia sin sentido, que no queremos seguir estando en el punto de mira del estado solo porque ellos nos colocan ahí, frente a la opinión pública…
 -          ¿Nunca van a enterrar vascos y españoles el rencor? Si seguimos haciendo un ojo por ojo…

Creo que ya se está haciendo. Creo que la sociedad vasca del 2011 en adelante no tiene nada que ver con la de la transición, con la de hace veinte años… El pueblo vasco estaba muy rebotado, muy enfrentado, muy dolido… ahora empieza a enterrar armas, a cerrar heridas, a querer olvidar… Realmente pienso que el pueblo –no los locos que sólo quieren sentirse fuertes-, la gente de verdad quiere luchar ya por la paz, por la dignidad de su pueblo, por reescribir una nueva página en la historia… Y la única forma de hacerlo es a través de la democracia, en las urnas.

-          ¿Votar a quienes han apoyado a ETA o quienes formaban parte de ella, le parece digno?

Me da igual si es digno o no en realidad, lo que importa es el único camino que nos queda. Queremos la paz, queremos limpiar la memoria del País Vasco, queremos que aunque sea a través de un embudo los violentos vayan entendiendo que la política no es la guerra, no es la muerte… es la palabra. Y repito, no hablo de los violentos que hacen pintadas… hablo de la gente que realmente era un peligro porque tenía la trayectoria de ETA dentro de sus cabezas, dentro de sus ideas.
 -          ¿Y en qué momento decide que no puede hablar de sus ideas en público?     ¿Qué sucede cuando dice a la gente cómo piensa?

Solo quiero que sepa una cosa. Nunca más voy a volver a hablar de este tema. Aquí se termina esta tertulia. He sufrido mucho tiempo por ser vasca, porque es injusto que una tierra tan maravillosa siempre parezca sucia y manchada por el nombre de ETA, porque la campaña que se hace en todo el Estado español contra los vascos es demoledora. El silencio es un precio menor que el desprecio... y hay guerras en las que yo no quiero seguir batallando. He perdido amigos y familia por defender un sentimiento propio, no una cuestión política, y el miedo que es siempre el peor enemigo ronda a menudo pro aquí. Yo he bajado los brazos de cara al exterior, por dentro seguiré sintiendo a mi manera porque lo vivido no lo borra nadie. Mis razones las tiene, mi presente también... y en el futuro seré, simplemente, un espectador más que observa la película desde la fila del fondo.


jueves, 25 de julio de 2013

Galicia, hoy me cuesta cerrar el día

 
 
 
 
 
Meiga hasta cuando las penas invaden las alegrías

 
La noche del 24 al 25 de julio del 2005 yo tenía 21 años y un billete de avión rumbo a Uruguay para la mañana siguiente. Estaba muerta de nervios y tenía dos formas de despedirme... en silencio o a carcajadas; como la callada nunca se me dio bien, me rodeé aquella tarde de casi toda mi gente en la plaza donde vamos desde siempre y corrieron las cañas en La Verdura. A un cuarto para las doce de la noche brindé por la felicidad de mis amigos hasta que llegase el reencuentro y cambié de ubicación mientras me citaba con el chico que me traía de cabeza, el plan era despedirse con un abrazo... Así, pegados y en silencio, nos pasamos diez minutos hasta que, esto no estaba en guión, el cielo se llenó de fuegos artificiales. Eran las doce de la noche más galega del año. Mis amigas, acostumbradas a vivir desde la primera fila del cine lo mejor y peor de mi, nos espiaban detrás de un árbol convencidas de que, un beso más, y el avión despegaría sin mi sentada dentro.
 
Se equivocaron. Al día siguiente atravesé por primera vez el Atlántico y entendí, de verdad, lo que supone elegir un camino y aprender a echar de menos. El dolor de las despedidas (incluso las que prometen un reencuentro al final). No sólo extrañar a la gente que quieres, a la familia, a los amigos imprescindibles, a tus rincones, a tu gente, el camino que no andarás... aprendí lo que supone echar de menos una etapa de mi misma que ese día se cerró. Crecí un poco de golpe y me hice más fuerte. Cuando uno vive algo que le remueve tanto por dentro sabe que, de una vez y para siempre, ha echado a volar.
 
Hoy, recordando aquella noche mientras las redes sociales, los medios de comunicación y cada persona que me he cruzado en el camino comenta el terrible dolor que siente hoy Galicia, no puedo evitar tener -de otra manera pero con la misma intensidad- aquella sensación a cemento gris que asegura que el pasado a veces se aleja muy deprisa.
 
Hay casualidades, tan duras, que parecen mentira... cuando el calendario anuncia fiesta y la actualidad rompe a llorar. Hoy me cuesta cerrar el día y despedir a esas personas que ya nunca volverán a estar con sus familias... esos abrazos partidos que no volverán a darse, los reencuentros que se esperaban en la siguiente estación y se quedaron entre las vías... ¡Esas personas a las que hoy, sin opción a besos ni despedida,  les han obligado a volar... a cambiar para siempre las vidas de sus familias, a seguir avanzando echando de menos y a olvidar para siempre unas rutinas que ahora se quedan vacías!
 
Un dolor que no se palia incluso con el corazón entregado que ofrece Galicia, un pueblo tan solidario que no se merece a los políticos que les dominan. La generosidad de unos profesionales, parados o en huelga, que se entregan a su vocación olvidando sus propias luchas. La tragedia es terrible y el dolor hoy convierte en densa la tristeza de Galicia.
 
Gracias por cada mensaje y cada mirada de cariño hacia esta tierra hermosa y abierta hasta cuando las lágrimas ganan a las alegrías. Galicia es aún más meiga y más valiente que nunca.  La solidaridad nos engrandece aunque hoy cueste todavía, meterse en la cama y cerrar por fin este día.





lunes, 20 de mayo de 2013

Consecuencias

Desde niña siempre me ha gustado robar de los libros aquellas frases que más me impactan, una práctica habitual en casi todos los lectores compulsivos que conozco. El detalle que lo diferencia es que, también desde niña, me dedico a esconder esas anotaciones entre otros libros, en el armario, en el bolsillo de algún pantalón...convencida de que el destino siempre me los devolverá cuando tenga algún sentido recordarme ese mensaje.

Consecuencias de creer en la magia.

Creo en las casualidades, que casi nunca lo son, más que en mi misma.  Así que mis encuentros con mis anotaciones han sido grandes consejeras, e incluso una práctica que otros amigos han hecho suyas, y que a golpe de efecto dominó ha ido funcionando entre mi gente casi como una terapia. He recibido regalos de cumpleaños en forma de notitas para abrir con el paso del tiempo, y yo también he enviado calendarios con frases sin sentido encofradas, totalmente segura de que el destino y la casualidad le darían alguna función.

Esta mañana, al abrir una caja de herramientas buscando una bombilla que devuelva la luz a mi mesilla de noche, me encontré con esto. Palabras para compartir contigo, y sobrellevar las intrigas de los lunes. Casualidad, causalidad o nada... son trozos de algún momento que vuelven para entender y disfrutar.

Consecuencias, al fin y al cabo, de seguir creyendo en la magia.




 
 
 
 
 

lunes, 15 de abril de 2013

Vocación de chanchito

 
 
 
 
 
Anoche soñé con ella, aunque hace más de ocho años que le hice esta foto en un barcito de la avenida 18 de Julio. Era otoño y llovía a cántaros en Montevideo. Eduardo y yo compartíamos una mozzarela cuando ella entró cargada con tres cajitas de inciensos. Los vendía de a uno.
 
Mientras él buscaba en el bolsillo algunas monedas para regalarme la sonrisa de una niña que ha vendido, le propuse una foto; la primera de su vida. Al verse a si misma se le congeló la inocencia, en ningún rincón de Uruguay existía una alegría más grande.
 
Todo en ella me intrigaba. Y me animé a preguntarle:
 
-¿Y tú qué quieres ser cuando seas grande?
- Yo cuando crezca quiero ser chanchito (cerdito), para estar gorda y nunca tener hambre.
 
Eduardo lo anotó en su cuaderno de bolsillo.
Yo lo guardé en mis sueños, para que regresara a escribirse ocho años después.

martes, 25 de septiembre de 2012

El precio del espectáculo


Y digo yo que rodear todo el entorno del Congreso de vallas, cubrir el cielo con una flotilla de helicópteros como si estuvieramos rememorando la II Guerra Mundial, dejar sin cobertura los móviles con inhibidores y colocar como soldaditos de plomo a cerca de 1500 efectivos... resulta un poco exagerado, ¿no? Además intuyo que no debe resultar barato este espectáculo que, por cierto, pagamos entre todos. ¡Qué inocencia la mía, que sólo he visto una multitud aparentemente tranquila, sin violencia ni armas en mano, manifestándose uno al lado del otro en aparente son de paz! Espero que pronto se nos declare la tregua a nosotros, los sufridos vecinos del barrio, y que helicópteros y sirenas nos concedan una noche tranquila... :(

sábado, 18 de agosto de 2012

Apuntes sobre África

 

 Breves anotaciones en el camino

 

 
En el aeropuerto...  
 Cuando mi abuela era muy pequeña, su familia emigró a la África negra para intentar una vida mejor. Allí vivió cerca de veinte años y de allí son todos los cuentos con los que yo he crecido. Desde niña ese continente olvidado me parece el lugar donde el mundo sigue siendo mundo... donde la naturaleza lucha consigo misma y gana siempre, donde subsisten las grandes lecciones de humanidad y de realidad. El lugar donde, sin haber estado, siempre he querido volver...

 

Recién llegada...
No llevo en Gambia ni un día y ya me planteo quedarme eternamente... Qué forma de sonreír, qué gente tan especial, qué maravilloso el sonido de la selva... He conocido al brujo del Bosque Sagrado y a sus 96 años me ha leído la mano. Dice que este viaje ya ha empezado a marcar mi destino para siempre... :)
 
 En el camino...
Y aquí estaban todas esas historias... el lugar donde los recuerdos son presente y las tradiciones te llenan de vida. Hemos recorrido la jungla en Senegal, atravesado el bosque mágico de Gambia, charlado con un chamán, compartido la sonrisa de los niños cuando se descubren en una foto, jugado con bebes leones, hicimos llorar a pequeños que ven a una persona blanca por primera vez, el espectáculo de la pesca, los proyectos de los cooperantes, las playas paradisiacas, el ferry, el safari, las niñas que agitan sus manos con sus hermanos a hombros, las noches con el cielo más estrellado del mundo... la magia, los sueños, la tierra roja donde cada día no puede ser más feliz... 
                                        
 
Gambia... la sonrisa de África
Gambia es mucho más que el país más pequeño de África. Es mucho más que su naturaleza pura, sus paisajes vírgenes, sus tradiciones y sus leyendas, su amabilidad constante, sus ritos, sus sueños, sus calles... es mucho más que las noches de la traída de la pesca que esperan cientos de familias a pie de playa, va más allá del chamán de 96 años que habita en el Bosque Mágico y te anima al futuro, que el Safari donde los leones se convierten en ternura, que las calles encharcadas de Banjul, que los niños que corren con todas sus fuerzas sólo para tocarte el corazón... Gambia es la sonrisa de África porque, simplemente, te llena de magia por dentro. Inolvidable.
 
  ... Planes
Hace unos cinco años una mujer maravillosa salida del corazón de Guinea llegó para explicarnos que era una pieza fundamental de nuestra familia... el vértice de muchas raíces que quedaban por descubrir. Esta misma mujer me escribió hace unos días, mientras yo pisaba tierra roja, que lo tengo dentro... "es el motor de aventura. Viene de la sangre, tus antepasados embarcaron en una aventura que tu contarás al mundo y en la que tú te estas embarcando". Sábado de investigación, anotaciones, fotos viejas y casualidades... Buscando al bebé de esta foto, cincuenta años después.
 

domingo, 15 de enero de 2012

Palabras con D. Manuel...



 No compartimos ideas, pero sí grandes conversaciones. 
¡Gracias por sus debates y por, sin dudarlo, contestar a mis cientos de preguntas!


En septiembre del 2008, con él sentado frente a mí, empecé a transcribir una entrevista que... cuatro años después... aún no he terminado. Y no la acabaré esta noche.. estoy segura. De aquella primera charla salí más desconcertada de lo que había entrado, convencida de que si un orgulloso ministro de Franco se sentaba en un despacho del Senado es que algo estaba pasando en el sistema democrático español. Y sí... algo había pasado: el tiempo. 

D. Manuel, lo dijo Santiago Carrillo esta noche al saber que su contrario había muerto, fue un hombre con "talento para adaptarse a los tiempos y que pese a su papel en el franquismo desempeño una labor positiva en la aprobación de la Constitución. Fue Fraga -recuerda D. Santiago siempre- quien cuando yo era un hombre muy mal visto en el país todavía me presentó en el Club Siglo XXI a algunas personas que incluso abandonaron el lugar en ese mismo momento". Porque dicen que D. Manuel nunca tuvo miedo de hacer lo que sentía. Un hombre que, pese a los amigos y a los enemigos, logró torear en primera línea de poder durante más sesenta años. Quizás no siempre fue un buen demócrata, pero sí un excelente político. 

En lo personal... Manuel Fraga me planteó decenas de contradicciones que todavía arrastro, y que me aportaron mucho. Me obligó a pensar, me exigió dudar. A él le recuerdo luchando con su propio cuerpo cansado, obligándose a madrugar enérgico, ansioso por leer antes que el mundo la prensa del día porque, decía, esa es la labor de un político de vocación: tener la necesidad de saber que pasa en la nación para pensar como mejorarlo. Pese a su caracter fuerte, sus salidas de tono, sus gestos desproporcionados y un carisma que hacía temblar por igual a empleados, periodistas y políticos... D. Manuel Fraga fue para mi un baúl lleno de historias que nunca dejaron de interesarme. Jamás se negó a contestarme a una sola pregunta y me hablaba con todo detalle de sus a veces tensos encuentros con Franco, de sus trascendentales charlas con la familia Borbón, de los abrazos, las polémicas y las bromas con Carrillo, de su relación con los suyos... y de lo único que provocaba que le temblara la voz: su pasión por Galicia. D. Manuel fue para mi mucho más que una lección de historia... un hombre que consiguió casi todo cuanto se propuso... una persona a la que, como dice de él Felipe González, "le cabía el Estado en la cabeza". Y que siempre estuvo dispuesto a compartirlo.

En cualquier caso, desde su primera gran cita con la política como ministro del franquismo en el 62 hasta su retiro como senador el noviembre pasado, Fraga siempre fue un político a tener en cuenta para su partido y para los contrarios. Y guste o no, es innegable que sesenta años de política activa, en dictadura y democracia, no se firman sin su nombre. Siempre se adaptó a los tiempos, pero nunca perdió sus referentes ni hizo nada que realmente no pensara, "jamás traicioné a mi nación y me adapté a las situaciones para defender mi vocación, la de tomar decisiones que mejorasen la realidad que en cada momento estaba viviendo España". 

  
 "Casi es preferible morir antes que arrastrar una vejez ociosa"
 
 «¡No!. No quiero que se me recuerde como un franquista. Yo era un niño cuando la Guerra Civil. No participé en la guerra ni mucho menos alenté la instauración de ese sistema de gobierno. Es más, como ministro de Información, solo contribuí a que se usase lo mejor posible. Solo cabía la posibilidad de hacer política desde dentro del sistema. Pero, ¡ojo!, nunca fui un servidor de la dictadura, sino que usé esa posición privilegiada para tratar de mejorar las cosas. Es verdad que había que hacer unas cosas que, claro, incluso llegué a lamentar, para poder hacer otras».

«Yo, calzón de lana. Así vestido, o desnudo, ocupé, con motivo del famoso baño de la playa de Palomares, la portada en The New York Times.». 

jueves, 5 de enero de 2012

Noche de Reyes



Para él son todos mis deseos de esta Noche de Reyes.
Por enseñarme tanto. Por regalarme tanto.


La Noche de Reyes siempre me ha quitado el sueño... De niña por los nervios de la ilusión, por las luces que desde la calle prometían que el cortejo real llegaba ya a mi ventana...; con los años, las noches en vela confesaban alguna que otra fiesta improvisada en Pontevedra y siempre buena compañía. Hoy, con más motivo que nunca, mi insomnio tiene una cara y un nombre. Este muñeco tiene seis años, la ilusión clavada en los ojos... y una historia tras de sí que podría llenar cientos de páginas. La realidad le ha obligado a ser adulto, y la responsabilidad que exige su vida ha hecho que su inocencia salga corriendo. Con tristeza seguramente, también con alevosía. 

Su historia, en cambio, se resume rápido. Este niño nació en Madrid y seis años después se quedó solo. Su nacimiento pedía a gritos ilusión, pero sobre todo salud. Y los deseos, aún juntando todas las fuerzas, no siempre se cumplen. A los pocos meses de nacer se le detectó una terrible enfermedad que sufren alrededor de 70 niños en España. Su caso empeoró, los tratamientos no funcionaron y una delicada situación familiar obligó a los suyos a regresar a su lugar de orígen recordando, en la distancia, que en un hospital de Madrid continúa su hijo de seis años. Él se quedó solo. Desde entonces, decenas de personas de forma voluntaria y altruista comparten su vida y su tiempo con él... hacen turnos, le llevan regalos y le arrancan sonrisas por cientos. Porque él es así, no está dispuesto a perder su sonrisa... aunque le sobren los motivos.

Hace algunos días que le convencí para que me contara un secreto: un deseo, el más fuerte, el más íntimo, el más inalcanzable. Él, mimoso, acercó su boquita para hablarme al oído y me dijo que su mayor deseo era no quedarse ni un instante solo, que siempre estuvieramos a su lado para recordarle que nunca íbamos a abandonarle. Le expliqué, diplomática y compungida, que los mayores tenemos que trabajar, que tenemos que pasar tiempo con nuestros amigos, atender las casas, que vivimos rodeados de ineludibles obligaciones... Me miró y señaló a su alrededor, resignado por mi ignorancia terrible... sin darme cuenta que él  ya tenía la fórmula para conseguir su sueño. Y me complació con el razonamiento más convicente del mundo. "Tú siempre estás aquí, -me dijo con una inmensa sonrisa-, porque encontré la forma de que cada minuto, todos, estéis a mi lado". Y me enseñó, con la ilusión atrapada entre sus manos, que todo es mucho más fácil cuando se sueña desde el corazón de un niño. Su habitación está plagada de fotos que le acompañan todo el tiempo y que recuerdan los mejores momentos que ha vivido este año; la gente a la que de verdad echa de menos, los profesionales y voluntarios incondicionales que a lo largo del 2011 le han rebozado en besos y abrazos tratando de cubrir un vacío que, en realidad, llena él solo con su capacidad para invadir la realidad de esa ilusión implacable que sólo tiene la mirada mágica de un niño. 


sábado, 10 de diciembre de 2011

Otoño, octubre


La mañana del viernes 21 de octubre todo arranca de nuevo. Los pasos se encuentran otra vez en este punto de partida. Hace un año… era octubre, era otoño… y él inauguraba una etapa de conversaciones consigo mismo, de puertas para dentro. Hoy de nuevo el otoño deja una luz tenue sobre los adoquines en las calles… y Manuel Carrasco ha encontrado razones aún más fuertes para regresar a esta locura que es la música, para mezclar su profesión con su corazón.

En “Otoño, octubre” Manuel cuenta la historia de un encuentro con desencuentro… de la búsqueda cómplice de un pasado que le enfrenta a su reflejo en el espejo… a su soledad. Más adelante, el tema creció de la mano de Claudio Guidetti , afamado productor italiano (Eros Ramazzotti, Toquinho, Carmen Consoli, Amaia Montero), que junto a Manuel se encargó de vestirla en su estudio de Milán durante el verano del 2011.

El primer single del último álbum de Manuel Carrasco llega como letras de emergencia… con todas las ganas. Nace un largo recorrido que todavía empieza, de nuevo, hoy…

Y otra vez es otoño. Y es octubre…




viernes, 18 de noviembre de 2011

El reloj, los planes y cosas que caben en una canción




Me gustan las cosas pequeñas. Los pequeños detalles que convierten la vida en algo grande y especial. Las cosas que parecen insignificantes pero que llenan los días de sonrisas, de silencios mágicos, de recuerdos que parece que se van a olvidar.. pero nunca se olvidan. Las copas de vino tinto. Me entretienen las formas de los relojes, aunque no me gusta llevarlos conmigo: creo que el tiempo no se cuenta ni se define. Me ilusiona mi inconformismo y mis ganas de ser más feliz, aunque siempre quiera dar más, aunque me enfade conmigo misma cuando siento que no lo consigo. Me gusta que, varios años después, todavía me intrigue la magia de Anthony Blake y que Brian Weiss me haga pensar: ¿volveré a encontrarte en algún lugar algún día?

Me entusiasman las personas que me llaman para decirme que ya tienen el billete en el bolsillo, media hora después de que hayamos colgado el teléfono sin saber cuando nos volveremos a encontrar. Me ilusionan las frases que resumen bien la emoción de una película... y los autores que me hacen pensar. Me encanta que las cosas más insignificantes me ilusionen más que nada en el mundo: el mensaje de una tarta de cumpleaños, pisar la casa donde nació Lola Flores, volar sobre Londres en el barco de Peter Pan... que no me cueste nada querer ni decir Te quiero, encontrar en julio el regalo perfecto para celebrar tu navidad.

Me gustan los abrazos que me llegan por la espalda provocando que me suenen todas las vertebras y me tocan la emoción y la sonrisa. Me gusta la gente incondicional, la que siempre regresa a tu vida porque en realidad nunca se ha ido. La gente que elige su destino, aunque su objetivo sea estar a la deriva cogido de la mano que ha escogido. Me gustan las mantas que esperan dobladas sobre el sofá.

Me hacen sentir las casualidades... las sonrisas que se colocan en el camino como las piedrecitas de Juan Sin Miedo, mostrando el camino de ida, el rumbo, las soluciones y nunca la mejor forma de regresar. La gente que no tiene miedo a equivocarse de nuevo, que le cede el espacio al corazón que bombea porque ha sentido. Me gustan los recuerdos, sobre todo los que siempre pueden compartirse con una sonrisa... los que están llenos de nostalgias con brillo en los ojos... las partidas de cartas... las confesiones de los ancianitos que cuentan sus conclusiones antes de cerrar su libro... Me gusta el cine español que es imborrable sólo porque a mi me hace reír... las canciones que me tranquilizan porque siento que me las cantas y que las cantas conmigo... los momentos que son sólo decisión mía, aunque me empeñe en compartirlos contigo.

Me emociona bajarme del autobús y sorprenderme al ver que desde su cartel de publicidad me saluda un profesor que convirtió sus clases en lecciones de como afrontar la vida con una sonrisa. Porque es un lujo que quiera enseñarte a sentir así. Y es un placer descubrir que he sido una buena alumna. Me llenan las personas que veo crecer... los mensajes que me escriben de día en Montevideo pero yo leo de noche en Madrid... cinco años después de haberme despedido de una niña que ahora es una mujer dispuesta a cambiar el mundo.

Me gusta tener memoria... memoria para los recuerdos pequeños... los que se difuminan, se escabullen, se desdibujan, pero que siempre tienen sentido... Me emociona la distinta forma que tienen de ver la vida las personas que quiero, porque esas miradas son parte de las cosas importantes que llenan mi vida. Me gustan los días en los que descubro que las mesas donde ceno están llenas de personas inmensamente especiales, inmensamente distintas. Y me gusta recorrer con gente muy diferente los mismos destinos.

Las casualidades que provocan que toda la vida y que todos los silencios entren dentro de una misma canción. Me gustan las cosas pequeñas, los relojes y los planes...

martes, 28 de junio de 2011

Despedir al corazón



A Fabiola y Ana Osorio


Esta noche en vela he despedido a una mujer en la antesala de un quirófano y mañana la recogeré, a primera hora, estrenando un nuevo corazón. Así de relativa es la vida. Así de extravagante.

Resumido, el episodio de esta noche se queda largo... como las palabras que se dicen en silencio. Fabiola es una de esas personas que laten de arriba abajo... quiera o no su corazón morir de tanta insistencia. Periodista de los pies a la cabeza y al revés, desgastada por el pálpito de la curiosidad por todo e invadida por una pasión desbordada que le invadió el pecho y le frenó las emociones. La vida atrevida, que se empeña en aleccionar y en poner límites. Pero la historia no es el porqué... la historia es el ahora... y el ahora se debate entre el romanticismo y la ciencia ficción en un quirófano de la quinta planta del Gregorio Marañón, donde un equipo brillante recoge un corazón que termina de latir para empezar a volver a latir. ¡¡Qué cosas!

En lo básico, en lo natural, no estoy preocupada en absoluto. Esa mujer entró en quirófano convencida de que mañana nos veríamos y, sinceramente, no me parece Fabiola de esas personas dispuestas a llevarse una promesa incumplida a la tumba. Espero una llamada... la llamada que me diga que ya estrena latidos nuevos para irme a dormir sabiendo, con seguridad, que voy a poder cobrarme con unas buenas arepas la noche en vela de hoy. Mientras, me entretengo dibujando en un papel planes para el día en que yo tenga algo que decir en la Organización Nacional de Trasplantes... tan eficaz para que nadie la cuestione, pero tan limitada para que cientos de órganos sanos terminen cada año yendo con prisa a ninguna parte. Para que sean decenas las personas que fallecen esperando su esperanza convertidas en un número más de una lista.

Confieso que también me quita el sueño el recuerdo insistente de las palabras de un amigo del alma tras su primera sesión de quimio. Una lección magistral de pánico jugando en primera división: "no me asusta el cáncer, ni me asusta el dolor... lo que temo es que la química no distinga entre células malas y buenas... entre neuronas malas y neuronas buenas... que cuando me despierte las ideas sean distintas... que ya no sea del Barça sino del Madrid, que ya no sea de izquierdas sino aférrimo militante de la más legional derecha".

En unas horas saludaré a Fabiola de la misma forma en la que me vio por última vez, agitando la mano mientras me despedía del corazón que avanzaba hacia el desgüace. Estará celebrando la novedad, como quien se pone el domingo zapatos nuevos. Y pesándolo en frío... sólo espero que el corazón de verdad, el que se enseña, el que define y el que se comparte, el corazón que tiene memoria y recuerda, que ese no se lo lleven en el trasplante, que no se confundan y, que mi amigo aquel del cáncer que sigue siendo un poeta de izquierdas, no tuviera en su miedo razón. Sólo falta que después de la noche que hemos pasado... Fabiola vuelva con el corazón de piedra, me mire desafiante a los ojos y confiese, sin derecho a réplica ni lugar a dudas, que no tiene tiempo ni ganas de ponerse a cocinarme las arepas.

Para evitar torturarme con este pensamiento rememoro mi última escena... despidiéndome con la mano de un silencioso corazón que terminaba... ¿dónde terminan los corazones que se han roto? ¿dónde se esconden sus secretos? ¿le dejarán por escrito al sustituto las cosas por las que debe entusiasmarse, el tipo de hombres por el que debe palpitar...? Despedirse del corazón debe ser tan desconcertante como el día que ves a tu primer amor besar a una novia nueva. Prejubilarle, debe ser tan cruel como la recién licenciada en Recursos Humanos que ya el primer día tiene que expulsar al desolado padre de familia... así, a la calle, sin finiquito alguno y alegando que después de veinte años no es el perfil apto que buscan para este puesto en la empresa. Despedir al corazón es un acto terrible que, incluso a veces, nos llena de vida. Una mezcla entre la emoción y la desolación que desconcierta y compromete al silencio, a la medicina y a la ciencia. La esperanza de vivir que comienza despidiendo al viejo corazón que ya se va, despacito y en camilla, caminito del desgüace.


viernes, 3 de junio de 2011

Antonio Vega. De amor, despedidas y otras canciones.




"Dónde nos llevó la imaginación..."


Antonio Vega siempre me pareció un tío lleno de personas, lleno del barrio, lleno de una capacidad enorme para estar y escuchar. Me divierte la gente extrovertida, pero me gusta la gente que calla... me intriga el silencio en el que rebotan las ideas y buscan un tubo de salida. Él me parecía así. Como una vida acabada despidiéndose entre las cuerdas de la guitarra.

Hoy hace dos años que dejó de respirar en un hospital de Madrid. Le velaron en la SGAE, en la misma Malasaña desde la que escribió siempre y a pocos metros de su Penta, La Chica de Ayer, escrita de su puño y letra, preside la sala. Al unos doscientos metros de donde les escribo yo ahora.


Un par de veces pude hablar con él por diferentes casualidades que me obligaron a entrevistarle, algo que -pura evidencia. no le divertía ni lo más mínimo. La última vez que nos vimos fue en una fiesta que organizaron unos amigos, pocos meses antes de morir. Dos horas eran tiempo suficiente para entender que  Antonio era un tipo de pocas palabras, capaz de contagiarte en un tiempo record de una ternura enorme. Lo que pensaba la gente le importaba bien poco. Era el dueño de sus botas. Parecía una persona que hacia lo que le daba la gana, llena de contradicciones. Empezó arquitectura y sociología, pero apostó por inventar canciones. Nunca dejó de tocar y de sonar, pero murió sin más posesiones que sus guitarras y un coche. Su director musical le criticaba tanto como le adoraba: Antonio siempre ha sido excesivamente generoso. Se pasó la vida regalando sus mejores canciones a  otros; colegas de la movida que le contaban que se habían quedado sin pasta...  Músicos que empezaban. El dinero le importaba muy poco. 

La noche que Antonio murió llegué a casa y busqué entre sus discos las primeras palabras que él escribió cuando perdió a la chica que amaba: "no creo que la vida me de tiempo a dejar de quererla, aunque me haya dejado, aunque se haya adelantado a mí. Sigo profundamente enamorado de la persona que me dejó porque me sigue llenando cada día". Ella murió en el 2004. Se llamaba Marga. Antonio dijo entonces que quería dedicarle el mejor disco de su carrera. No se me ocurre un regalo más auténtico.

La última vez que lo vi, Antonio hacía la gira de su disco de despedida: 3000 noches con Marga. Levanta la vista de la guitarra cuatro veces en la hora y cuarto que dura el concierto. Olvida la letra más de doce. Se le escapa una media sonrisa cuando oye que alguien grita que le quiere desde la última fila en un intento de prestarle aire. Sus músicos le preguntan si está bien. Eliminan de la lista dos canciones. La gente no se mueve. Se mira. Permanecen quietos con cerveza en mano, sintiéndose invasores en el campo de batalla. Testigos de un momento de intimidad de Antonio consigo mismo, y con sus recuerdos.

Antonio repasa a media voz, porque no le queda otra, canciones que han sido su banda sonora, y la nuestra. Lo hace a medio gas, a medias palabras, a medio acorde; como si le quedase solo la mitad. Como si las 3000 noches compartidas con Marga le dejasen, para siempre, sólo la mitad de su vida.


lunes, 9 de mayo de 2011

Mariposas en la razón


Son libres. A veces palpitan en el estómago. A veces se implantan en la razón. Es la historia de las mariposas. Protagonistas de algunas despedidas.


Hay despedidas que no tienen formato, ni instrucciones, ni sellos de salida. Son escenas que aprovechan guiones inadecuados. Como si el mundo ya se fuese a terminar. Promesas que se quedan en canciones. Entierros de besos enjaulados que tratan de escapar. Limpiezas para sacarle el polvo al corazón. Aceras para tropezar de nuevo con el punto de partida.

Supongo que no hay un modo correcto de despedirse cuando uno no quiere despedirse. Cuando al cerrar la puerta, inevitablemente, se empañan las derrotas de cenizas. Esqueletos de discusiones y palabrería sucia que primero desangra y después siempre se olvida. Lo más injusto del adios es trastocar la realidad para convertir el recuerdo de los fracasos en poesía.

Lo peor del después son los retales de las promesas y las rutinas hechas planes que quebraron. Las constantes vitales que se detienen para gritarnos que las notas de esta canción ya son facturas. El destino reparte  besos que en realidad nunca nos damos y convierte los recuerdos en locuras. Mariposas en la razón... Historia de una despedida incompleta que no acaba porque nunca la empezamos.


jueves, 5 de mayo de 2011

Para que Yoani le hable al mundo...


“Después de comenzar a escribir en mi bitácora, me tiemblan a menudo las rodillas. Para evitar endiosamientos y futuras crucifixiones, aclaro que mi blog es un ejercicio personal de cobardía para decir en la red todo aquello que no me atrevo a expresar en la vida real". 

Yoani Sánchez


 
Catorce pisos nos separan del suelo... de la tierra y de la realidad de La Habana. Desde su terraza en el último piso, Yoani acaricia la cabeza de su perra Chispita mirando al horizonte, convencida de que el mundo se reinicia de nuevo entre sus manos. Y es cierto. Internet tiene otra dimensión cuando se escribe desde estas cuatro paredes... en un camino a contracorriente para gritarle su verdad al mundo. Sueños compartidos que muchos dejan bajo la almohada, y que Yoani filtra cada día a través de una cadena de solidaridad invisible.

La historia de Yoani se hace pública a partir del 2007... cuando tras una temporada en París elige volver a Cuba para luchar por existir dentro de su propio mundo. Ganarse el derecho a tener un hogar. Ese año nace su blog Generación Y, dispuesto a abrir desde La Habana una ventana que permita a otros saber lo que sucede dentro de la isla. Reinaldo y Teo, su familia, la escoltan desde el cuarto de al lado con un cable que la ata a tierra. El resto del tiempo… viaja a través de sus mensajes con una ilusión infinita para traspasar las fronteras de su bloqueo. Ella lo hace como una terapia personal contra su fobia al silencio obligado e injusto, pero su mensaje se convierte en un dominó capaz de botar de pantalla en pantalla por miles de ordenadores a lo largo de todo el planeta.

Hace meses que en la isla su bitácora está bloqueada y la filóloga cubana tuvo que diseñar un complicado plan estratégico para seguir haciendo lo que se ha convertido en su trabajo vital: darle voz a los que creen que ya han apagado su voz. Quizás el día que los silenciados quieran hacerse oír descubran que ya no sólo se les ha secado la boca, sino también la vista y el oído enterrados por el miedo, la espantosa plaga que les sacude.

Esta tarde, en Madrid, Yoani Sánchez estará sin estar en la presentación del libro técnico que cuenta su experiencia: Un blog para hablar al mundo (Anaya, 2011); un engendro que nace en su distancia porque los pasos de Yoani se terminan en el mismo lugar en el que comienzan: una oficina donde se extravían día tras día centenares de visados sin rumbo. Las autoridades cubanas temen que ella vuelva; para evitarlo le prohibe la salida -extraña paradoja-. El primer libro de Yoani ya es un éxito sólo por el hecho de esquivar las rejas que se negaban a verle nacer. Es una revolución que anuncia que el miedo es la mayor arma que potencia este siglo XXI cargado de palabras que no enseñan sino destruyen, es el ejemplo principal de una batalla ganada con las teclas de un ordenador. Las víctimas mortales de la catástrofe son todos los que creen que la voluntad todavía puede detenerse.


domingo, 1 de mayo de 2011

Razones para el recuerdo



 "La vida está hecha de muchos papeles tristes pero el resultado es una obra realmente maravillosa"


La recuerdo imponente, mágica, con los ojos llenos de pintura interminable y centenares de historias... como permanentemente delante del telón y dispuesta a recibir el aplauso entregado de los miembros del público. A María Isbert no puede uno simplemente entrevistarla porque ella dirige la conversación, difumina las formalidades y convierte sus momentos en una tertulia de amigas frente al café del domingo. Más de trescientas películas a sus espaldas y centenares de funciones de teatro donde su papel no se olvida en el camerino... María Isbert contagia la risa encima y debajo de las tablas. Así, simplemente así, era María. Auténtica. Implacable. Sensacional.  Teatro, en estado puro.

Apenas dos minutos con usted... sin tiempo de encender la grabadora y ya me ha dado material para una entrevista de dos páginas... ¿siempre convierte sus palabras en historias?
Supongo que lo mejor de llevar toda la vida interpretando vidas de otros es que tengo muchas cosas que se pueden contar. La mayoría de las personas no tienen tiempo ni ganas de que yo cuente batallas de abuela... pero contigo creo que será divertido. Las historias también son de quien quiere escucharlas y entenderlas... y a ti esto te gusta, ¿a que si? 

Pensé que venía a entrevistarla yo a usted... Mi trabajo es que usted haga eso que dice, puede usted contarme todas las historias que quiera. Soy toda oídos y además, si, me gusta. 
¿Sabes? Cuando era pequeña tenía una inmensa curiosidad por todo...por las historias de los mayores, por las muñecas, por hacer deporte, los idiomas, saltar a la comba, jugar al diábolo... todo. La curiosidad me abrió las puertas del mundo... 

Y sin embargo, eligió la profesión que tenía más cerca... la de la saga familiar... 
Mi padre no dejaba de decir que tenía que formarme, que era importante estudiar. A los ocho años me estrené en el pueblo de la familia. Yo hacía un papel de mayor... Éramos muchos niños haciendo una obra de los hermanos Quintero y el público nos premiaba con cajas de bombones. Me llevé muchos aplausos y me llevé muchas cajas de chocolates... Ese día supe que quería ser actriz de teatro el resto de mi vida, aunque cobrase en bombones. 

Jajaja... pero cambiaría su caché algún día, conserva usted muy bien la línea tantos años después de subirse a las tablas como para haber sobrevivido a chocolates... 
Es verdad... mi mayor regalo han sido las risas. Escuchar como la gente es capaz de reírse a carcajadas por tu trabajo es estupendo. La gente que viene a verme al teatro son mis amigos... y uno siempre quiere que sus amigos se rían con uno. Mi padre, en aquella primera vez que le dije que quería ser primera actriz me prohibió volver al teatro... 

Pero usted es rebelde... 
Cuando vio que de verdad ese era mi camino él me guió, me enseñó, me acompañó... todo lo que pueda decir de mi padre son cosas bonitas. Y los tiempos eran muy difíciles. Al llegar la guerra desvalijaron nuestra casa de Madrid. Mi padre tenia muchas fotos de la familia real porque frecuentaban mucho el teatro pero a él enseguida se le empezó a acusar de monárquico, de ser de derechas... Y de verdad no era cierto, mi padre solamente era dos cosas... padre de familia y actor. Nos trataron muy mal y se nos acabó el dinero. Mi padre no aguantó más y se fue a zona roja para trabajar con una compañía de teatro que le pagaba doce pesetas al mes. No soportaba estar sólo, se puso enfermo así que mi hermana y yo nos fuimos con él para ayudarle y mi madre se quedó en casa con mis hermanos pequeños. Yo tenía 17 años pero tuve que crecer... como todos los jóvenes de la guerra. 

¿Recuerda su primer papel profesional?
Sin duda. Fue en Villarrobledo en el año 1939. Yo sólo tenía que reírme... desde el centro del escenario y a carcajadas... sólo eso, reírme. 

Es difícil... aprender a interpretar la felicidad. Y en medio de una guerra civil...
Mi padre me lo dijo al bajar del escenario, que yo había empezado por lo más difícil... por la risa. Él me enseñó a reír... y nunca me dejó sola. La alegría siempre ha marcado mi vida... por eso es fácil contagiarla.

Y es cierto, la contagia. Aunque solo sea por su alegría permanente, ha tenido usted una vida distinta a la mayoría... contagia la sensación de que no siente miedo, ni inseguridad, ni tristeza... ¿que lleva dentro?
La vida de un actor nunca es normal... nuestro día a día siempre es una sorpresa y siempre se vive con ilusión. Ser actor tiene muchas cosas buenas... y algunas malas... pero hace que la vida esté llena de momentos inolvidables... Los grandes actores son personas muy especiales y la gente especial desprende energía bonita.

Indudablemente especial como lo era tu padre... uno de los actores más inolvidables de nuestro cine. ¿Le molesta la comparación?¿se hereda la energía bonita?
Para nada me molesta que recordar a mi padre... no hay nada que me gustaría más que ser todavía más como él. Él era un niño enorme... lleno de cosas buenas. Sí, es verdad, mi padre hizo que muchos momentos sean inolvidables en nuestra familia. Tenía una forma estupenda de convertir cada momento en algo fuera de lo normal. Con él tengo las mejores anécdotas y los mejores aprendizajes... aunque ni siquiera a él las cosas le salían muchas veces como quería.

Si tuviera que empezar un guión para él... ¿cual sería la primera línea? 
Una de sus frases más repetidas... su lema: La tristeza es un horrible pecado.

Usted... capaz de convertir todo en una carcajada... que a sus  cerca de noventa años es capaz de llenar cada conversación de alegría... ¿de que se siente más orgullosa? 
Creo que no es fácil llegar a mi edad y mirar hacia atrás con la seguridad de que he tenido la vida que quería tener. Soy una mujer fiel a mi oficio y a mis escenarios, pero desde que me casé supe que quería formar una familia de verdad, firme, segura... no creo en las separaciones ni en las familias programadas como un guión. Mi marido era hijo de un matrimonio separado y tenía miedo a repetir los mismos errores así que fue tajante en eso, era importante pasar tiempo en casa, cuidar de los niños, dar seguridad a la familia. Una no se enamora todos los días así que hice caso a mi corazón, a mi marido y fue estupendo haber compartido esta vida con él. 

Y si se hubieran llevado mal... ¿cree que hay que aguantar siempre...?
Creo que muchas personas hacen de su vida distintos papeles de teatro. Cambian y cambian... se separan, lo pasan muy mal, buscan otra pareja y al poco tiempo vuelven a estar cada uno en su camino. Se aburren, sufren, vuelven, buscan... Separarse sirve para seguir probando, para seguir sufriendo, no para mejorar como personas... Quizás yo no he tenido muchas tentaciones porque nunca he sido guapa ni me han pretendido muchos, pero creo en el amor, en la familia, en los hijos. En amar para siempre y vencer obstáculos con la persona con la que has firmado un proyecto de vida. 

María... casi un siglo a sus espaldas, una saga familiar inolvidable para este país, una profesión intensa y mágica de la que es embajadora perpetua, una madre de familia imparable y entregada... ¿cómo define usted este siglo de vida?
Maravilloso. Este país ha vivido muchas cosas importantes durante el siglo XX... una transición difícil que creo que el rey Juan Carlos facilitó, una guerra que provocó mucha hambre pero también un instinto de supervivencia muy fuerte, una democracia que yo no quisiera que se perdiera nunca. Soy apolítica.. me interesan las personas pero no entiendo de monárquicos o republicanos... lo que quiero es libertad para que la gente decida su religión, su independencia, su camino...

Y a nivel personal... ¿tiene razones para el recuerdo? 
Muchísimas. Tengo siete hijos y trece nietos que me recuerdan cada día que la vida continua... que vale la pena vivir intensamente, el valor de la familia. Tengo casi trescientas películas y de cada una recuerdos fantásticos y muchas horas sobre los escenarios de todo el país. A nivel personal mi vida ha sido estupenda... La vida está hecha de muchos papeles tristes pero es resultado es una obra realmente maravillosa.

    lunes, 21 de febrero de 2011

    Sueños a flote y la fractura de una forma de vida


    Cuando Manuel me invitó a tomar algo en su casa yo desconocía que bajo nuestros pies bailarían  lorchos dispuestos a enfocarme con sus inmensos ojos grises. Fue como sostener la mirada a un bufón traidor que habita tu propia casa... o sus cloacas... que apunta como una linterna dispuesta a apagar la luz. La presencia de los peces y las algas se convirtió en aquel momento en un asalto a mano armada a su fracturada nueva forma de vida. Él, cabizbajo, hacía como si no los sintiese y buscaba como si fuera un proceso pensado con cautela un espacio exacto en el que colocar mi chaquetón... buscaba su sitio como tratando de ordenar un espacio sin orden posible, vacío. Buscaba ordenar su vida triste deseando que yo no me diera cuenta.

    Horas antes, apoyados en la barra de un café cualquiera, Manuel me había puesto al día sobre su desafortunada pérdida de trabajo, justo cuando planeaba tener un niño con Teresa y pocos meses después de firmar al fin la hipoteca dejando ya para siempre el alquiler de su apartamento en playa de Áncora, a algunos kilómetros de la frontera que separa Portugal de Galicia. Mientras veía revistas buscando muebles para decorar la última habitación vacía de la casa supo por un burofax que las cosas se complicarían enseguida... y antes de que  las suelas de sus primeras pantuflas estuvieran gastadas ya arrastraba pesaroso todas las maletas hacia la puerta. Teresa había desaparecido algunas semanas antes con las suyas.

    Ahora el vaivén de las olas de su nueva casa le arrulla por las noches, estrenando soledad y  tristeza. De momento reconoce que hoy no tiene dinero para recuperar aquel alquiler pero no se siente fracasado ni pobre ni perdido. Sabe que volverá a morir más de una vez. La buena noticia ante el café es que promete que este no es el final de su última vida, es sólo una etapa de marinero en la que debe sacar sus sueños a flote.

    Al salir llovía a cántaros sobre el cristal de mi coche... y durante cinco minutos fui un espectador más dudando si quedarme para siempre en aquella pantalla de cine o salir corriendo jurándome elegir la sesión de la sala cómica... en algún lugar donde la realidad no me encontrase nunca. Es lo que tenemos algunos soñadores, que pensamos que despertando el sueño se olvida.

    En lugar de todo eso saqué la libreta e hice la única cosa que los periodistas hacemos cuando no sabemos que hacer... disolvernos entre las palabras tratando de que ellas encuentren el sentido a los momentos que vivimos. Aprendí a esconderme detrás de las letras cuando la situación me avergüenza y la impotencia me come. Y lo aprendí de un inolvidable amigo... A él acudo esta noche para tomarle prestado un texto, una historia que nada tiene que ver con Manuel. Es la vida de los pobres... los que fueron y los que, irremediablemente, volverán a ser pobres.

    Qué lo disfruten: 

    Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen tiempo para perder el tiempo. Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen silencio ni pueden comprarlo. Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen piernas que se han olvidado de caminar. Pobres, lo que se dice pobres, son los que comen basura y pagan por ella como si fuese comida. Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen el derecho de respirar mierda, como si fuera aire, sin pagar nada por ella. Pobres, lo que se dice pobres son los que no tienen más libertad de elegir entre uno y otro canal de televisión. Pobres, lo que se dice pobres, son los que viven dramas pasionales con las máquinas. Pobres, lo que se dice pobres, son los que son siempre muchos y están siempre solos. Pobres, lo que se dice pobres, son los que no saben que son pobres
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     E. Galeano