sábado, 17 de agosto de 2013

Gervasio Puerta, el hombre que todos los días luchó





 
 
“La derrota nunca hizo mella en mis ganas de luchar”

Hay personas que para entenderlas, basta con tenerlas sentadas enfrente. Son miradas que con su serenidad explican sin palabras toda una filosofía de vida y la forma en la que su trayectoria se convirtió en una pieza clave para cambiar el rumbo de nuestra historia. Gervasio Puerta era así… pura historia, y pura humanidad. La imagen de la libertad y la vista alzada al frente. Una de las personas más auténticas con las que he compartido café.
Cuenta que a lo largo de su vida mintió alguna vez; la primera con 15 años , cuando se alistó en el bando republicano para pelear contra el ejército de Franco . Dos años después era huérfano de guerra, y teniente. Su lucha duró hasta hace dos días, cuando un cáncer puso el punto final a una vida llena de batallas.
Hoy me ha sorprendido la noticia en una esquina de un periódico digital, y recordé las palabras que me dijo la última vez que nos vimos "somos olvidados de vida y de muerte, somos aquellos que nunca tuvimos la ocasión de explicar cómo vivimos nuestra propia historia". Y saber que en cierto modo tenía razón,  me puso triste.
 
Gervasio era un animal de libertad más allá de las fronteras. Recluido en los campos de concentración de españoles en Francia tras la derrota de la Guerra Civil, se unió al ejército francés para luchar contra Hitler durante la II Guerra Mundial. Nunca se declaró vencido frente a la Dictadura, y en el exilio organizó grupos de españoles para una rebelión internacional contra Franco. Puerta, como Carrillo, regresó con ganas a la clandestinidad española para reorganizar la resistencia desde dentro y comenzó así una de las batallas más fuertes de su vida, la penitenciaria, donde escribió algunos de los pasajes más importantes del antifranquismo en hojas de papel de fumar. Para él fue la época más dura de su vida, aunque dicen quienes lo compartieron, que su espíritu fuerte no se vino un solo día abajo. “La cárcel es lo más duro que yo he vivido, hombres perdiendo la razón en una celda sabiendo que la vida se te escapa sin que puedas hacer nada, sin ninguna alternativa. La guerra es terrible pero te permite actuar, avanzar, confiar, creer…la cárcel es la mayor tortura a la que se puede someter el hombre, la falta de libertad, la perdida de uno mismo como persona”.
 
Cuando le conocí, Marcos Ana le miraba desde el asiento de al lado con la admiración y el compromiso de quien presencia un retrato vivo de la historia. Gervasio presidió durante más de veinte años la Asociación de Ex Presos y Represaliados Políticos Antifranquistas. También colaboró con la Asociación de Brigadas Internacionales de 1990 y con la AABI. Organizaciones que ahora despiden a uno de sus mejores tenientes.
Toda su vida ha sido una oda a la verdad y a la entrega. Fiel a sus ideas sobre que el ser humano es aquel que vive para entregarse a los demás, su cuerpo no será despedido con honores, sino que ayer mismo fue entregado a la Complutense de Madrid para que la ciencia investigue con él. Su último regalo a la humanidad para que incluso después de morir siga viva su valentía después de su última batalla.
 
¡Hasta siempre, camarada Rubio! 


 

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